México es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, y eso también incluye una amplia variedad de hongos que pueden ser comestibles, pero a la vez tóxicos.
Tal es el caso del pedo de lobo. Su nombre científico es Lycoperdon perlatum, miembro del Reino Fungi que se desarrolla en zonas boscosas de la Sierra Madre Oriental, el Eje Neovolcánico y los Altos de Chiapas. Y justo la temporada de lluvias es ideal para su crecimiento.
Así que, si andas merodeando por alguna zona boscosa, y te encuentras con un hongo de forma redondeada con un diámetro de dos a cinco centímetros de color blanquecino-grisáceo y está cubierto de pequeñas protuberancias o «perlas«, no dudes que es un pedo de lobo.
Este hongo es comestible, pero debe ser cuando aún es joven y de color blanquecino, ya que al madurar su color cambia a marrón y puede resultar tóxico para su consumo. Si encuentras un ejemplar, puedes tomarlo, pero antes de consumirlo, asegúrate de que realmente es un pedo de lobo comestible, ya que por sus características físicas puede confundirse con otro tipo de hongos.
Pedo de lobo debe su nombre a su forma de reproducción, pues cuando alcanza la madurez, su interior se seca y se convierte en polvo, mismo que es expulsado como bocanada de humo cuando un agente externo vulnera su capa superior.
Aunque el nombre puede causar extrañeza, los conocedores se alegran de escuchar que alguien localizó pedo de lobo, esto porque el hongo posee propiedades curativas, principalmente como antibiótico y cicatrizante.
Estudios realizados por expertos determinaron que tiene una amplia capacidad de regeneración celular y reducción de inflamación, por lo que es ideal para lesiones cutáneas.

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